‘Pequedragas’: la nueva modalidad de los mineros ilegales | CRÓNICA

‘Pequedragas’: la nueva modalidad de los mineros ilegales | CRÓNICA

05-04-2019

‘Pequedragas’: la nueva modalidad de los mineros ilegales | CRÓNICA

Mongabay Latam viajó hasta la cuenca del río Napo y encontró por lo menos seis embarcaciones dedicadas a la extracción ilegal de oro.

Viajar de madrugada por el río Napo hace que el movimiento en la embarcación se sienta como una amenaza. El motorista que nos llevará desde Santa Clotilde hasta la comunidad nativa de San Fernando, en el distrito del Napo (Loreto), pide mantener la calma.


Comienza a amanecer y nuestra guía, Betty Rubio, señala una estructura precaria en el agua: “Ahí está una ‘pequedraga’”, dice. Luego de tres horas aparecen dos embarcaciones de madera, conocidas como ‘peque peque’, sobre las cuales se ha montado una plataforma y maquinaria para extraer ilegalmente oro.


La embarcación avanza y los tres ocupantes de la ‘pequedraga’ continúan con sus actividades sin perturbarse. Uno manipula una manguera naranja hundida en el río. Rubio cuenta que esas estructuras, que surcan el Napo desde hace algunos años, se movilizan a lo largo del cauce para extraer oro.

Los ‘peque peque’ han sido adaptados por los ilegales para desarrollar una nueva y peligrosa modalidad capaz de cubrir espacios mucho más amplios y que les da mayor movilidad para escabullirse de la policía o de la Capitanía de Puerto de Iquitos. 


Sobre ellos se instalan las máquinas que utilizan los mineros para succionar los bancos de arena y sedimentos del fondo del río. Hay lugar para una draga y en el reducido espacio que queda se las arreglan para vivir. 


Si bien las primeras ‘pequedragas’ aparecieron hace más de cinco años, esta modalidad ha crecido en el Napo y está expandiéndose en los ríos Curaray y Mazán.


“Está prohibida la extracción de oro en el Napo y en cualquier otro río”, indica a Mongabay Latam el director regional de Energía y Minas de Loreto, Ruller Cárdenas.

En San Fernando, la comunidad se reúne para hablar sobre la extracción ilegal de oro en el río Napo. 


Martha Silva, Lizardo Ricopa y Joiner Culmayari intervienen. La primera señala que tres dragas que navegaban por la zona hace un mes ahora se han ido río arriba, hacia el Curaray. Lizardo habla de la ausencia de peces en el río y de los niveles altos de mercurio que encontraron en su organismo en el 2011, cuando por encargo del Gobierno Regional de Loreto les hicieron exámenes. 


La comunidad de Sumac Allpa, situada del otro lado del río, permite la actividad de los ilegales, según los comuneros de San Fernando. Ellos, en cambio, aseguran que han desterrado a los ‘oreros’, como los llaman.


En privado, Ricopa confiesa que, alguna vez, San Fernando también recibió a los ‘oreros’. Recuerda que les ofrecieron S/100 (US$30) diarios y pagar por los árboles talados para armar sus ‘pequedragas’. 


San Fernando es una de las 25 comunidades que forman parte de la Organización Kichwaruna Wankurina del Alto Napo (Orkiwan) que ha decidido frenar la minería ilegal y la contaminación de sus ríos. Las 42 comunidades de Feconamncua, lideradas por Betty Rubio, están en el mismo camino.

Cuando llegan las autoridades para destruir las ‘pequedragas’, siguiendo los puntos georreferenciados, no encuentran nada. Las embarcaciones se pueden mover y esconderse en los afluentes o en las islas ubicadas a lo largo del Napo para eludir a la Capitanía de Puerto de Iquitos y a la policía. 


En Iquitos, el fiscal de la FEMA, Alberto Caraza, precisa que están trabajando en una estrategia para enfrentar el problema, más ahora que las federaciones indígenas lo han denunciado.


En recientes operativos en Huamán Urco, cerca de Mazán, a poco más de una hora de Iquitos, tuvieron suerte y lograron ubicar y destruir varias ‘pequedragas’. Pero no capturaron a nadie. “Lo que está pasando en el Napo es preocupante”, dice el procurador especializado en Materia Ambiental, Julio Guzmán. 


En un estudio realizado por el Gobierno Regional de Loreto para determinar los niveles de metales pesados en el río Napo, se menciona que, desde 1999, la minería ilegal e informal opera en cauces de los ríos, playas o terrazas. Para Cárdenas, titular de la DREM, son mafias las que operan en el Napo. “Donde hay oro, hay poder adquisitivo. Eso no lo hace cualquier ribereño, tienen que ser mafias”, sostiene.

A las comunidades del Napo les prohibieron comer zúngaros, chambiras y boquichicos, entre otros peces. En el 2011, el gobierno de Loreto, a solicitud del centro de salud Santa Clotilde Microred Napo y de la DREM, realizó un estudio para determinar los niveles de metales pesados, principalmente mercurio, acumulados en peces, agua y personas. 


Los resultados fueron preocupantes. El 98,72% de las personas a quienes se les tomó las muestras –en las comunidades de San Rafael, San Fernando, San Jorge y Rango Isla– presentaron en el cabello concentraciones de mercurio superiores a las permitidas por la Organización Mundial de la Salud.


“La principal fuente de exposición al mercurio sería el alto consumo de pescado contaminado”, dice el informe del estudio “Impacto socioambiental de la minería aluvial en la región Loreto”, al que Mongabay Latam tuvo acceso. “Es un impacto tremendo”, dice José Álvarez, director general de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente, quien en esa época estuvo al tanto del estudio que se hizo en las cuatro comunidades del Napo. Había denuncias de minería ilegal aurífera en Napo, Mazán y Curaray, recuerda Álvarez.